miércoles, 25 de junio de 2014

La panorámica de Toledo

A veces, estudiantes como Jessica Thomas, del programa de MSU, durante su estancia en España visitan la ciudad de Toledo. Están muy atentas al paisaje, a la historia, y a sí mismas. Si además tienen sensibilidad literaria y un excelente nivel de español pueden escribir un relato como este.

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Dos partes de la misma ciudad.  Una parte representa la vejez y la vida pasada; otra parte, la vida nueva.  Entre las dos partes, se encuentra el puente antiguo, con los arcos maravillosos y las tallas intricadas.  Las rayas del sol iluminan los colores diferentes de la piedra del puente: los grises, marrones, amarillos.  Desde este puente, se puede ver la Panorámica de Toledo.  Los edificios de la ciudad antigua se asemejan al puente, con la piedra gastada por los años, pero todavía fuerte.  El río fluye con ternura por los arcos del puente, el sonido como la música de la ciudad.   Desde este puente, un pintor hace su creación más conocida.  Cientos de años después, el paisaje todavía es impresionante.  El puente refleja ambos, la ciudad nueva y vieja, conectando las dos con las fortalezas a cada lado. 

En el medio del puente hay una mujer, morena y de altura baja.  Está viendo la escena por primera vez y pensando en la belleza del río y de la arquitectura española.  En una vista, ella puede ver toda la historia de la ciudad sin saber exactamente lo que ocurría allí.  El tiempo parece transcurrir lentamente, y por algunos momentos puede olvidarse del estrés de la vida diaria.  Después de un tiempo, ella se da cuenta de la gente que también pasa por el puente.  Un grupo de chicas hablando del trabajo, los corredores que no dan ninguna mirada a la belleza de la Panorámica.  Las acciones de ellos distraen a ella.  Se siente inquieta por la prisa que tiene la gente de Toledo.  ¿Por qué tienen ellos tanta prisa en este lugar impresionante?

Ella, como ciudadana de los Estados Unidos, puede relacionarse con la gente allí.  No tiene bastante tiempo para pensar en las cosas maravillosas de la vida, como los paisajes y la arquitectura antigua.  Estudia en la universidad, y el estrés del trabajo consume todos los pensamientos de ella.  Pero, en un país más antiguo que los Estados Unidos, sin tanto trabajo ni tanto estrés, ella piensa en la importancia de ver las cosas y apreciar la belleza de la vida. ¿Cómo puede correr la mujer sin apreciar el trabajo de la gente que construyó este puente? 

Es interesante a ella que solo pueda darse cuenta de la belleza, las maravillas, la naturaleza, todas esas cosas, en un país diferente que el suyo.  Entre dos partes de la misma ciudad, sobre el mismo puente en que fue pintado la Panorámica hace 400 años.  Un hombre se acercó a ella y empezó a hablar. 

-Es impresionante, la vista desde aquí.—Le dijo a ella.  Se queda a su lado, esperando su respuesta.  Ella ve al hombre de reojo, pensando en lo que debe decir. 

-Sí, estoy de acuerdo.—Pausa por un momento antes de continuar.  –Creo que es interesante, como la genta pase por aquí sin pensar en la belleza de este sitio.  Pero, es posible que yo piense así porque no soy de España.  Todo aquí me parece bonito. 

Los dos se quedan allí, viendo la Panorámica sin hablar, al mismo tiempo que más personas pasan por el puente sin apreciar el paisaje. 

-Es que la gente ya está acostumbrada a las cosas aquí.  No toman tiempo para verlas de nuevo, pensar en la vida desde este puente.  Creo que es así en cada sitio del mundo…--Él pausa antes de continuar. –Cuando te acostumbras, ya no crees que es importante.

Sin decir más, el hombre sale del puente por la ciudad vieja.  Dentro de unas meses, la mujer regresará a los Estados Unidos, tomando en cuento la importancia de su conversación corta desde ese puente en Toledo.  Ella pasará por la vida pensando en el mundo, sus entornos en cualquier lugar. 

Jessica Thomas 2014 

lunes, 23 de junio de 2014

El éxtasis y lo oscuro

Un nuevo relato de inspiración modernista procedente de mi clase "Spain and Its Literature" del programa de la Michigan State University en Valencia. Hoy un relato de Kevin M. Cunningham, en el que las criaturas de la noche buscan el amor.

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Oscuridad; crepúsculo se acerca y Valencia se llena de oscuridad para nacer de nuevo. Al igual que las polillas, las criaturas de la noche se reúnen a la luz artificial que ilumina la ciudad; se trata de una hermosa vista. Las criaturas están llenas de jóvenes y una sensación vertiginosa de encontrar algo que se ha perdido durante tantos años—el amor. No apenas cualquier amor—un amor que se bastante puro, bastante hermoso que ni siquiera Dios podría empañarlo. Es un amor que se ha escrito acerca de las edades—Romeo y Julieta, Rose y Jack, o Paris y Helena. Un amor que el hombre moderno desea, pero nunca encontrará.

Estas criaturas, conocidas como los hombres, buscan alta y baja para el amor—en las coberteras del campo, en los valles de las montañas de Sierra Nevada y en las altas mesetas de Castilla y León. Su búsqueda es inútil y su sed es insaciable durante el día. Por la noche, se reúnen en las balizas iluminadas de las discotecas con la mera esperanza de alcanzar el amor verdadero por una noche. Los hombres rezan a los Dioses por la pizca de una flecha lluviosa del cielo por la lira del amor. Sus oraciones no son contestadas. En su lugar, Dionisio saluda a cada persona en la entrada y les da la bienvenida al éxtasis.

Dentro de la discoteca, el auge rítmico de la música continúa incesantemente ya que las personas se ahogan en el alcohol. La música continúa, las luces parpadean, y las grandes cantidades de alcohol seguirán derramándose en las gargantas de todos los invitados. Finalmente, los efectos del alcohol responder a sus oraciones y los hombres comienzan a enamorarse de las mujeres a su alrededor. Los hombres son feroces cuando ven el relleno sus sedes. Empiezan a hablar con todas las mujeres de su oportunidad de encontrar algo que ellos han estado buscando por toda la vida. Los hombres bailan con confianza con las mujeres y lentamente sacuden sus caderas con la música. Aquí, Charles Darwin observaría con placer mientras las personas más fuertes y más bellas se enamoran unas de otros. Los hombres les dan dinero a las mujeres en la forma de bebidas con la esperanza de ganar su afecto.

Una chica acepta su súplica de un hombre con suerte y lo besa a él. Un beso que es bastante puro y bastante bello; un beso que él no recordará y no puede realmente sentir a causa de su estado de embriaguez. La pareja retoza en la pista de baile junto. Esta es suya para la noche,  ya que rápidamente tienen su primer baile como marido y mujer. La pareja baila su canción de boda; una canción de la que ninguno de ellos sabe las letras ya que se besan apasionadamente. Una relación que se prolongará hasta el amanecer, una vez larga relación, en este periodo de tiempo. En la esquina, Dionisio y Eros se ríen a juntos, ven cómo este hombre vive por una noche y se desvanece poco a poco en la oscuridad.  

La discoteca cierra y los enfoques de la mañana y con el sol naciente llega la oscuridad mientras los hombres vuelven a sus apartamentos, a solas. Entran en sus casas como un intruso en el mundo circundante. Se convierten en un ser humano inútil y aletargado cuando los efectos del alcohol desaparecen. Entran en sus dormitorios todavía el anhelo de que lo único que no pueden alcanzar, el amor. Llegan más lejos, botes contra la corriente en una acción inútil para encontrar el amor en la discoteca. Que la búsqueda de la memoria del beso fugaz, pero los hombres no tienen la capacidad de recordarlo. Finalmente, llegan a la cama y descansan. Y una vez más, sus vidas se convierten en tinieblas—oscuridad.


Kevin M. Cunningham 2014

domingo, 22 de junio de 2014

Tranquilo

Con este texto comienzo a publicar cuentos y poemas escritos por mis estudiantes del programa de Michigan State University en Valencia durante el verano de 2014. Como podréis comprobar, están llenos de talento y sensibilidad. El primero, de Sarah Livingston, nos presenta uno de esos momentos en que el tiempo parece suspenderse. La foto, por cierto, es de la propia autora.

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Un paseo rápido, tengo muchas cosas que ver y hacer. Mi tiempo libre ha casi terminado, pero me detengo un momento. Algo me llamó la atención, un árbol gigante. Casi puedo tomar las hermosas hojas de un color verde oscuro. ¿Cómo es posible? Estoy en la gran calle ocupada y esto es la parte superior de un árbol. Abajo, abajo mi búsqueda de ojos, allí debajo de la calle, un jardín enorme. 

Estoy andando por una tierra cruzada muchas veces. Las piedras redondeadas y detenidas bajo mis pies.  El paseo sesga más ahora y tengo que prepararme para no caer sobre este resbaladizo trazado curvo. Las murallas abultan altas sobre mí. Más cerca puedo ver los detalles y los diseños en las piedras. El color parece un sucio beige con manchas de negro y marrón no diferente al pelaje de los pastores alemanes. Las muescas, agujeros y desigualdad dan prueba de la edad de estas murallas, de su desgaste. Todavía no estoy segura de dónde me encuentro.

Al alejarme de la pared, mis ojos son agredidos por los colores brillantes de las plantas. Hay árboles tan altos que cuando trato de ver la copa, el sol me ciega. En este bosquecillo, los troncos de marrón rojizo, altos y delgados parecen tan antiguos como las propias paredes. Las historias y maravillas el asimiento, si sólo pudieran hablar. Las hojas como el ventilador de la naturaleza se balancean suavemente con la brisa. El sonido calmante como una ligera nana. Tomo un momento para respirar el aire fresco. Un olor familiar llena mi nariz. ¿Qué es esto? Camino más lejos a través de la tierra y del follaje bajo mis zapatos. Vengo a un pequeño cuadrado de piedras rodeado por arboles más pequeños que antes. Estos árboles dan un círculo anaranjado de fruta que huele como cítrico. Escojo uno, ah sí, parece como las naranjas. Simplemente agarrando y oliendo este poco rayo del sol me recuerda a casa, largos días de verano, barbacoas y picnics, sí es agradable. En el centro del cuadrado hay una fuente. El agua burbujea y salpica sobre el borde. Diminutas gotitas aterrizan en mis pies, la sensación refrescante en este día caliente de primavera.

Deambulo en mi paseo, vengo a un área llena de los más brillantes y bellos colores que he visto hasta ahora. Flores púrpura tan sorprendentemente perfectas en color que parecen irreales. Me da miedo tocarlas de miedo a destruir su belleza escénica. Las rosas tan rojas parecen pintadas. Estoy segura de que si debiuera pinchar mi dedo en sus espinas la sangre de mi dedo se mezclaría sin costuras con los pétalos. Pero lo son las lilas las que me encantan más. Huelen como perfecto cielo en este día de la primavera. Son frutales pero no cítricas, huelen frescas y limpias, dulces e inocentes. No puedo ayudar pero tómese tiempo para inspeccionar lentamente cada planta aquí.

Finalmente miro a mi reloj. ¡Dos horas aquí! ¿Cómo es posible? He deambulado sobre un gran parte de este jardín y ni una vez pensé en todas las cosas que necesito hacer. Quizás este fue el punto. No recuerdo la última vez que hice algo simplemente para disfrutar de mí misma, relajarme; algo que no me requiere trabajar. Me siento refrescada y que puedo hacer cualquier cosa que elija hacer. Necesito tomar más tiempo en mi vida para las pequeñas cosas y esta belleza del jardín me ha permitido comprenderlo. He ignorado un gran lección en la vida; es en las minúsculas cosas que se encuentra la felicidad y satisfacción, que estos pequeñas momentos  los recordaré por el resto de mi vida. Como ando hacia la rampa esperando para llevarme de vuelta a la realidad. Me dirijo a la mujer a mi lado. “¿Cómo se llama este lugar?” digo, “El rio” ella responde.
"El rio" -pienso-. Pero no hay agua.
Necesito refrescar mi español. 

Sarah Livingston 2014

martes, 13 de mayo de 2014

XXI Premios Miguelete de Oro (Primavera de 2014)


Durante la clausura del Programa de Estudios Hispánicos de la University of Virginia en Valencia de Primavera de 2014 entregamos los premios Miguelete de Oro de poesía y narración. Estos premios se otorgan a estudiantes del programa en las sesiones de otoño y primavera y esta es su edición número veintiuno.

¡Bang! ¡Bang!

Katherine Krudys nos propone este excelente relato sobre las emociones virtuales. Y las reales...

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¡Bang! ¡Bang! suenan las pistolas.

-Cariño, por favor baja la voz.  Casi llegamos. dice la madre.  Ella no ha dado la vuelta para decir esto.  Se ha quedado mirando hacia delante en el asiento del pasajero y reanuda hablar de cosas de adultos con el padre.



El niño pulsa el botón, pero con frustración porque sabe que el juego no es el mismo sin los fuertes sonidos de emoción. Continúa jugando.  Este es su juego favorito aun con poco volumen.  Sus amigos les gustan juegos con pájaros enfadados y con cuadrados de colores brillos, pero para Carlos un juego cuando puedes ser un soldado es el mejor de todos.

El padre aparca el coche.  El niño no se da cuenta. 

-Carlos, nos vamos ya. dice la madre.

-Pero puedo llevar la tablet?”

-Sí, sí.  Sólo vamos a estar aquí por un ratito y después vamos a comer.  Pero ven ya.

-¡Bang! ¡Bang!

Carlos apenas ha oído a su madre.  No puede preocuparse de detalles pequeños.  Ha llegado la gran batalla, para sobrevivir este nivel, hay que concentrarse.  Las balas van en todo direcciones creando un ambiente de caos total, pero para Carlos el caos de la batalla es el momento para demostrar su valor.  Pulsa el botón para escapar de los disparos de sus enemigos. 

El niño sólo sigue el sonido de los tacones de su madre contra la acera.   No se saca los ojos de la pantalla.

Entran en el edificio.  Esta vez, Carlos se da cuenta de dónde están.  El edificio siempre huele horrible como a remolachas en lata.  Como a piña en lata, como a carne en lata, como a judías verdes en lata.  Todo huele a lata.  Nada en este edificio huele fresco. 

-Espero que él esté despierto.  ¿Recuerdas la última vez que vinimos? - dice el padre con el periódico en sus manos.

Bang, Bang.  Necesita enviar más tropas al frente, piensa Carlos.  Todos los soldados a su alrededor están cubiertos de sangre, pero Carlos está determinado a vencer al enemigo para avanzar.

-Ah, aquí está.  Vamos.- dice la madre.

Carlos sigue a sus padres pero no puede levantar la cabeza.  Necesita conseguir más armas para sus tropas.  ¡Bang, Bang!



¡Paf! Él choca con una sofá. 

-¡Carlos, ven!

Se sientan. Su padres dice algunas cosas en voz muy alta, pero Carlos no escucha.  Ha llegado a un punto crucial.  Tiene que determinar si conseguir más armas vale la pena porque cuesta muchos puntos. 

¡Bang! ¡Bang!

Carlos decide que no necesita conseguir más armas.  Ya está ganando.  La madre continúa hablando fuerte y muy despacio.  El padre lee un resumen del partido de ayer.

-Carlos vamos ahora.  Da un beso a tu bisabuelo. dice la madre.

-Adiós bisabuelo.

-Adiós cariño, cuídate mucho.

Mientras saluda al bisabuelo, las tropas del enemigo han ganado fortaleza. 

-¿Cuando vais a volver? Hace mucho tiempo de tu última visita.

-Pronto abuelo, pronto.  Nos vemos. Un beso.

El sonido de los tacones va hacia la puerta, pero Carlos no puede levantar la cabeza. Está perdiendo ahora porque no podía hacer una pausa cuando le ha dado un beso a su bisabuelo.

Los padres discuten qué van a comer.

¡Bang! ¡Bang!

Salen del olor a lata.

La música triste empieza en el tablet.

-¡Mama, he perdido!,  ¡he perdido! ¡Iba a ganar!

-¡Carlos no quiero oírlo! ¡Sube!

Suben al coche y van en la dirección de la carretera.

Carlos empieza a jugar de nuevo.  Tiene que volver al primer nivel. ¡Bang! ¡Bang!

Van a comer espaguetis.

Pasan la señal que se lee “Gracias por su visita a la residencia de ancianos veteranos.”

¡Bang! ¡Bang!



La fotografía del niño procede de http://www.kiubolez.com
La imagen del videojuego procede de multiplayerblog.mtv.com
Katherine Krudys 2014