lunes, 23 de febrero de 2015

La muñeca menor: un cambio de perspectiva

Kendall Burgess estudiante de la clase Survey of Latin American Literature II del programa de Primavera de University of Virginia Hispanic Studies Program, nos ofrece en este relato una reescritura personal del cuento "La muñeca menor", de la escritora puertorriqueña Rosario Ferré.

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Al salir para la casa de la tía vieja, un paciente de mi padre, yo tengo un sentimiento muy extraño sobre el encuentro. Mi padre, un doctor honesto y confiable, la ha tratado durante muchos años. La tía vieja fue mordida por una chágara viciosa muchos años en el pasado y desde entonces, ella ha necesitado un doctor para visitas mensuales. Yo nunca tuve  tiempo para visitar a esta mujer porque estuve estudiando para mi licenciatura en medicina. Finalmente, con el apoyo de mi padre, yo he completado los estudios. Estoy muy agradecido por su apoyo en mis metas. También, él es la razón principal por la que yo quiero ser médico; su trabajo ha cambiado las vidas de muchas personas para mejor. Es una carrera honorable y no es fácil. Mi padre decidió dedicar su vida a su carrera después de la muerte de mi madre. Ella tenía cáncer y desafortunadamente, no podría continuar la lucha. Yo solo tenía dos años cuando murió y no recuerdo mucho sobre ella, pero en fotos, ella es tan bonita y parece llena de vida. Muchas veces, cuando era un niño, yo vi a mi padre llorando con las fotos en sus manos. Sin una madre, mi padre es mi único modelo a seguir.

Bien, basta de eso, mi padre dice que ella es una mujer con hábitos interesantes como hacer muñecas de tamaño natural por cada año de vida de cada sobrina. Ella tiene tres sobrinas y todas tienen muchos años, resultando en muchas muñecas. Las muñecas son muy significativas para la tía vieja y ella usa materiales caros y únicos para hacerlas. No es sólo una afición, es su vida. Mi padre dice que existe una pieza de la casa exclusivamente para las muñecas. ¡Qué fascinante! Tengo mucha curiosidad, ser un doctor también, sobre este caso y la vida interesante de esta mujer. Pero, tan pronto como veo la pierna, yo estoy confundido y un poco enojado con mi padre.

            -No entiendo. Tú podrías haber curado esto en su comienzo. -le me dije a mi papá, lejos de la vieja tía.

-Es cierto… pero yo sólo quería que vinieras a ver la chágara que te había pagado los estudios durante veinte años. -Le dijo, con una mueca.

-Pensé que eras un hombre honorable, pero claramente no… no hay una cantidad de dinero vale la pena. Tú eres el mentiroso y me siento engañado. Yo confié en ti y tú eras mi modelo. -me dije.

-Tú eres desagradecido y no entiendes ser un padre. Un día vas a entender los sacrificios que hice para tu futuro, -le dijo.

-¿Cómo puedes dormir por la noche? Tú has arruinado la vida de una mujer inocente. Déjame en paz. ¡No quiero hablar contigo nunca más!  -me dije.

Hay muchos pensamientos en mi cabeza ahora. Mi modelo a seguir, mi padre, mi tutor. Todo es una mentira. Mis emociones toman control y yo empiezo a llorar. ¿Por qué yo? Es difícil entender la posición de mi padre pero al mismo tiempo, esta acción es contra de todas las cosas que él me enseña en mi vida. ¡Qué hipocresía! Yo no vi la sobrina de pie a mi lado hasta que ella habló.

-¿Tú estás bien?. -La sobrina menor, una mujer bonita, me pregunta en una voz como miel.

Era como si el mundo dejó cuando ella habló. De repente, no podía recordar por qué estaba enojado. Yo podría mirar a ella por horas… ella tiene una cara como porcelana y una sonrisa asombrosa. Yo nunca he visto una chica como ella. Es difícil responder sin mi respiración. Es casi como si ella fuera una muñeca.

Cuando miré de nuevo, ella se había convertido en porcelana y no podía hablar. ¿Ella era una muñeca todo este tiempo? Yo necesito salir de esta casa y nunca regresar...

Kendall Burgess 2015

La foto de la muñeca menor procede de http://www.santoro-london.com/

viernes, 9 de enero de 2015

Correr

El programa de otoño fue poco pródigo en textos para este blog. Sin embargo, nos dejó este poema de Kristin Neil, toda una orgullosa declaración de libertad y de derecho al placer de vivir, que además ganó la XXII edición de los Premios Miguelete de Oro de Poesía...

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Cuando corro, estoy libre.
Respiro el aire fresco y pienso en lo que me molesta.
Con cada paso, obtengo velocidad, distancia
y felicidad.
Esta felicidad no viene de mi deseo de escapar de los problemas
sino que viene del deseo de resolverlos.
Pensar en todo
O pensar en nada.
Lo que dije a mi amigo anoche
Adios, ¿Por qué dije eso a él
O a ella?
Lo que sea.

Me quité mi camiseta porque hace calor.
En solo un sujetador de deportes
Como la bailadora, estoy en control.
Si los hombres no llevan camisa, ¿porque debo yo?
No quiero pensar en nada
Y llenar mi mente de música
O la música de la calle.
Esta música forma mis pensamientos y crea visiones en mi mente.
La gente me mira mientras corro.
Estoy sudando,
Cara roja,
Pelo desordenado.
No me importa, cuando corro
Estoy libre.

Kristin Neil 2014



La foto de la chica corriendo procede de onblood.wordpress.com

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Una que quiere ser dos



Mañana comenzamos el Programa de Estudios Hispánicos de University of Virginia en Valencia de Otoño de 2014. Hoy han volado los nuevos estudiantes hasta Valencia. Ahora mismo todavía no los conozco, y, sin embargo, pronto subiré trabajos suyos a este blog.

Están a pronto de comenzar la gran experiencia transatlántica en la que, entre otras cosas, forjarán afectos que recordarán siempre.

Hoy os presento el último poema del programa de julio. Lo escribió mi estudiante Katherine Ryan en el avión que la llevaba de regreso a casa. Y me lo envió ya desde Estados Unidos pidiéndome que lo subiera a este blog.

Un hermoso texto para empezar el nuevo curso en el mismo día en que los nuevos estudiantes han hecho el viaje inverso. Entre dos familias. Entre dos afectos. Suspendidos en el cielo entre dos continentes. 

Aún no lo saben, pero los que regresen en diciembre (o en mayo de 2015) no serán los mismos.

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Saltó de su cama.
Dio un abrazo fuerte a su madre española.
El ultimo abrazo.
Es posible que nunca regresará.
Nunca verá a esta familia otra vez.
Esta familia que le daba tanto amor a ella.
Y esta familia para la que ella tiene tanto amor.

Con ojos llenos de lágrimas
Caminaba al metro.
Al metro al aeropuerto a Madrid a Estados Unidos.
Llegó a su puerto.
Retraso a Madrid.
No podía decidir si estaba llena de alegría
Por la extensión de su tiempo en Valencia
O estaba triste porque va a llegar más tarde
a los Estados Unidos.
Mitad de su corazón en Valencia
Mitad en Estados Unidos.
Mitades.

En el mismo día
Llega a los Estados Unidos. 
Da un abrazo fuerte a su madre estadounidense.
Y ve otra vez a su familia estadounidense.
Esta familia que le da tanto amor a ella.
Y esta familia para la que ella tiene tanto amor.

Dos madres.
Dos abrazos.
Dos familias.
Corazón en dos lugares.
Dos hogares.

Pero un cuerpo.
Una chica. 

Katherine Ryan 2014

lunes, 28 de julio de 2014

Olas cristales

Los estudiantes del programa de Julio del programa de la University of Virginia en Valencia escribieron poemas tan excelentes como este. No solo disfrutaron de la playa, sino que la escribieron... "Olas Cristales", de Liza Currin.

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Las olas del cristal
Saltan al cielo oscuro
Alcanzando la luna.
Suben, suben, suben, suben
Hasta la perla en el corazón de la noche

 ¡Pero el cristal!
El cristal no puede sobrevivir en el aire tan frío;
El cristal es
            Transparente
            Quebradizo
            Y ciego en tinieblas
¡Ay! Las olas caen y se estrellan en el aire vacío
y esperan

Liza Currin 2014

viernes, 25 de julio de 2014

Microrrelatos III

También en el programa intensivo de julio, mis estudiantes  de la University of Virginia en Valencia han escrito microrrelatos en homenaje a Augusto Monterroso. Este ha sido el resultado.

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1
(Adam Scherbenske)

De repente, no hay sol y empieza la lluvia.


2
(Jesús Peris Llorca)

Cuando la vi por primera vez, comprendí que yo hubiera hecho lo mismo.


3.
(Katherine Ryan)

La ola viene. Y después sale. Y se repita para siempre.


4
(Liza Currin)

Tu camiseta azul está en la secadora.


5
(Zach Calhoun)

Mi hijo perdido
Arriba del ruido, solo comprendí un sonido. Mi hijo gritaba mi nombre. La luz desapareció y todo el mundo se volvió a negro.


6
(Charlotte Chudy)

Ella no sabía el momento correcto para abrir la puerta.


7
(Katherine Rendleman)

El libro
Yo lo acababa de leer y empecé de nuevo.


8
(Sophie Currin)

Comí el croissant y empezé a escribir.




miércoles, 16 de julio de 2014

Perdida

Ahora que el programa de Michigan State University en Valencia está a punto de terminar, este texto de Allison Hazy recuerda las impresiones del primer día: ese momento exacto de todo viaje en que uno siente que está empezando a encontrarse a sí mismo y a descubrir hacia dónde debe caminar.

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Las personas estaban en todos partes de la plaza. Algunos eran jóvenes, algunos viejos, algunos estaban caminando y algunos se quedaban quietos. El sol brillaba, el calor de los rayos penetraron mi cuerpo. Que aún no estaba acostumbrado al sol de España. Era mi primera vez en España. Había llegado a Valencia el día anterior. Todo parecía nuevo. Incluso las cosas que he visto mil veces parecían extrañas bajo la luz española. Mi cabeza estaba abrumada por la abundancia de información que estaba viniendo de mis ojos y orejas.

Yo estaba en medio de un recorrido por lo que se conoce como “la ciudad vieja”. “La ciudad vieja” era un nombre extraño para mi, porque la ciudad era muy nueva para mi. ¿Quién puede decidir cuando algo se debería llamar viejo? Se consume por tecnologías modernas como todas las otras ciudades alrededor del mundo. La playa no se llama “la playa vieja” aunque es más antigua que la ciudad. ¿Es el número de años, la relatividad o simplemente arbitraria?

Una buena señora estaba dando el recorrido, pero podría haber estado hablando conmigo en alemán. Yo no tenía ni idea de lo que me estaba diciendo o viendo. Monótonamente estaba siguiendo el grupo de desconocidos. Desconocidos con los que pasaría la mayor parte de mi tiempo por los próximos dos meses. Desconocidos, que me han dicho, iban a ser mis amigos al final de nuestra aventura española. Era posible, pero en ese momento, me sentí tan sola.

Me sentí sola aunque estaba rodeada de muchas personas. La gente llegó a ser borrosa y el sol se ocultó detrás de una nube. Era sólo yo y mis pensamientos. Mis pensamientos no eran alentadores. Yo tenía miedo de estar en un lugar extraño y sin amigos o familia. Yo tenía miedo de hablar y comprender un nueva lengua. La voz dentro de mi cabeza me dijo que no podía hacer. Me sentí muy perdida. De repente no sabía quién era yo ni por qué estaba allí. Tal vez no sabía quién yo era en realidad y este lugar extranjero sólo iluminaba este hecho. O tal vez no sabía quién yo era en España aunque debería haber sido la misma. Mi cabeza estaba girando más rápido y más rápido. No tenía control.

El sonido de las campanas de iglesias me despertó de mi aturdimiento. Miré alrededor y no vi a nadie familiar. No reconocí a ninguno de los adornados edificios en todas los lados. Me encontraba perdida. He buscado desesperadamente para mi grupo. Sesenta turistas americanos deberían haber sido fáciles de encontrar. Casi dejé la esperanza de reunirme con mi grupo. Casi decidí volver a mi casa. Pero no hice. Decidí probar una vez más. Este vez, subí las escaleras y miré desde un punto de vista más alto.

Desde allí pude ver toda la plaza. La ciudad ya no parecía demasiado grande o de miedo. Yo pude ver donde había estado y donde tenía que ir. Yo había encontrado a mi grupo y sabía exactamente dónde tenía que ir. Yo estaba cerca todo el tiempo, pero no podía verlo. Yo nunca me perdí. Sólo necesitaba una nueva perspectiva para encontrar lo que estaba buscando.

 Allison Hazy 2014